martes, 21 de abril de 2015

Nota en Misiones

En Primera Edición de Misiones, suplemento Eco&Agro

“No hay líneas claras en pos de revertir la concentración”

Diego Ariel Fernández. Es docente, doctor en Economía e investigador. Brindó un seminario en Posadas y compartió conceptos con Eco&Agro sobre la agricultura en todo el país.

Diego A. Fernández
Docente, investigador
¿Cuánto representa el sector agropecuario para la economía y el desarrollo del país?
Para algunas regiones, y un número significativo de localidades, la actividad agropecuaria es un motor muy importante, quizá lo principal y lo que estructura su vida económica. Sin embargo, por tomar un indicador social que me parece muy importante, a nivel nacional el agro está muy abajo en lo que es la creación de empleo (y más todavía empleo de buenas condiciones laborales). Lo que sí ocurre es que dado el pobre desarrollo de otras actividades, en las que se manifiesta de forma palmaria la dependencia de la economía respecto de los Estados que dominan la economía internacional, el “campo” aparece como la principal vía de ingresos por exportaciones (las actividades industriales requieren una enorme proporción de importaciones; vaya como ejemplo de esto el nuevo automóvil que Honda producirá en Campana, según se anunció esta semana: pese a que tiene un mayor componente nacional que el modelo anterior, el 80% de su valor son importaciones). En esto acaba radicando la principal importancia del sector. Siempre hablando, por supuesto, de la economía argentina tal como está pensada y funcionando al día de hoy.  

¿Cómo se viene transformando el sector y cuánto tiene que ver la producción de alimentos?
Se afirma que en los últimos años -y esto es verdad- el sector no aumenta su producción de forma muy importante. Sin embargo, lo cierto es que esta estabilidad ocurre en volúmenes muy elevados, con cosechas en torno a la mítica marca de las 100 millones de toneladas, cantidad inimaginable en el pasado (que incluso habilita dudas: ¿sería deseable incrementar todavía más los sembradíos de soja?). A esto se ha llegado merced a notables cambios tecnológicos (multiplicación en la cantidad de químicos que se utilizan, enorme disminución de los tiempos de trabajo al difundirse la siembra directa, semillas genéticamente modificadas) y a precios internacionales de los granos que permitieron el cultivo con ganancias (y grandes rentas) en vastas regiones en las que antes la ecuación costo/beneficio no cerraba. Esta relación con los mercados exteriores hace que la producción de alimentos (para el ser humano) no sea lo fundamental: el destino fundamental de la soja y sus derivados es la alimentación animal. 

¿Cómo es el escenario de la concentración de la producción, es positivo o negativo?
En mi opinión, es totalmente negativo. La gran empresa (los pooles de siembra, por poner un ejemplo, pero hay otros) desplaza a miles de productores de tipo “chacarero”, dejando como resultado una trama social muy deteriorada: el famoso “desierto verde”. La Argentina es uno de los países más despoblados del planeta dado su territorio, y paradójicamente aglutina a su población en una mega ciudad. Debiéramos estar distribuyendo población en pueblos y ciudades intermedias, pero esta tendencia va en sentido inverso: cada nueva empresa de 20.000 hectáreas haciendo monocultivo de soja podrían ser 200 chacras mixtas. Los pueblos existentes debilitan su vida económica (aspecto atenuado en estos tiempos de altos precios), dado que la gran empresa se aprovisiona pactando directamente con las firmas insumeras en las capitales provinciales, aportando poco en las localidades agrarias. Finalmente, el asunto es lamentable también creo yo desde lo social y político, dado que desaparece un sector (los chacareros) que -con sus propias reivindicaciones, claro- ha participado en numerosos conflictos contra agentes muy poderosos cuyos intereses están asimismo en conflicto con los de más vastos sectores populares (bancos, las empresas exportadoras de granos, grandes terratenientes, el propio Estado).

En las políticas públicas sobre el sector agropecuario, ¿cuáles son las fortalezas y dónde falta fortalecer el trabajo estatal?
Aquí no quisiera cometer injusticias opinando, en el sentido de que puedo desconocer algunas políticas puntuales que puedan ser interesantes. En lo que conozco, que es el tema de la concentración económica, lo que veo es que no hay claras líneas de acción en pos de revertir el proceso. Se aplican políticas que por regla general tratan de forma igualitaria a los agricultores chicos que a los gigantes. Quizá el caso más destacado de estos años sea el impositivo. No tengo grandes objeciones a los impuestos altos a la producción de granos, el tema para mí pasa por el hecho de que a todos se les cobra lo mismo; lo que implícitamente acaba siendo en los hechos tomar partido por los grandes (por esto es que me parece muy interesante la reciente resolución que segmenta las retenciones para productores pequeños y medianos). Otro tema que tiene un retraso enorme es el de la ley de arrendamientos rurales, que fue con el paso del tiempo vaciada de contenido y hoy por hoy aporta el marco legal en el cual prosperan los concentradores.

Economías regionales están pasando una crisis, el té, los cítricos, las frutas, los vinos, a causa de la devaluación de Rusia y Brasil. ¿Cómo se puede solucionar o evitar esto en el futuro?
La salida facilista (devaluar la moneda y embromar a los que tienen ingresos en pesos) sólo le daría a esos sectores un alivio transitorio, que sería rápidamente revertido por el crecimiento de la inflación que generaría. Los caminos por los que debemos transitar, en mi opinión, son tres: por una parte, el fortalecimiento de nuestro propio mercado nacional, que evite que las economías regionales queden tan atadas a la inestabilidad de algún país determinado. Por otra, la mejora en la propia producción, generalizando experiencias exitosas de asesoramiento técnico y de gestión cooperativa por parte de los productores (lo que, de paso, colabora en lo atinente a enfrentar a la gran empresa concentrada). Finalmente, el desarrollo de la infraestructura que mejore la competitividad regional (la recuperación y replanteo del sistema ferroviario, por poner un ejemplo). 







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