| El Papa mostró más preocupación social que ambiental por transgénicos | |||
| Francisco indica que “no hay comprobación contundente” sobre el daño que podrían ocasionar a la salud humana. Pero advierte que “tras la introducción de estos cultivos, se constata una concentración de tierras productivas en manos de pocos”. | |||
La encíclica del Papa Francisco, Laudato Si, sigue dando que hablar. En uno de los apartados el extenso documento se refiere a la “Innovación biológica a partir de la investigación” (punto 130 del documento). Allí el Sumo Pontífice formula apreciaciones acerca de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y su aplicación.
“Es difícil emitir un juicio general sobre el desarrollo de organismos genéticamente modificados (OMG), vegetales o animales, médicos o agropecuarios, ya que pueden ser muy diversos entre sí y requerir distintas consideraciones. Por otra parte, los riesgos no siempre se atribuyen a la técnica misma sino a su aplicación inadecuada o excesiva”, reflexiona el Papa.
El documento continúa recordando que las “mutaciones genéticas muchas veces fueron y son producidas por la misma naturaleza”, y que ni siquiera “aquellas provocadas por la intervención humana son un fenómeno moderno”. En todo caso la diferencia entre la mano del hombre y la del proceso natural está en la velocidad del resultado.
“Si bien no hay comprobación contundente acerca del daño que podrían causar los cereales transgénicos a los seres humanos, y en algunas regiones su utilización ha provocado un crecimiento económico que ayudó a resolver problemas, hay dificultades importantes que no deben ser relativizadas” señala el Papa en el punto 134.
Explica luego que en muchos lugares “tras la introducción de estos cultivos, se constata una concentración de tierras productivas en manos de pocos debido a «la progresiva desaparición de pequeños productores que, como consecuencia de la pérdida de las tierras explotadas, se han visto obligados a retirarse de la producción directa»”, cita Francisco al documento “Una tierra para todos”
de la Comisión Episcopal de Pastoral social de Argentina (junio 2005).
Para el Sumo Pontífice el daño social que puede acarrear el uso (o mal uso) de la biotecnología por la voracidad de una mayor renta en el corto plazo (la codicia sigue siendo un pecado) por parte de los empresarios parece mucho más preocupante que el impacto ambiental que el uso de la misma tecnología podría traer a la salud y al ambiente, y que no ha sido comprobado.
Así, por el avance de empresas más grandes “los más frágiles se convierten en trabajadores precarios, y muchos empleados rurales terminan migrando a miserables asentamientos de las ciudades. La expansión de la frontera de estos cultivos arrasa con el complejo entramado de los ecosistemas, disminuye la diversidad productiva y afecta el presente y el futuro de las economías regionales”, detalla el documento.
“En varios países se advierte una tendencia al desarrollo de oligopolios en la producción de granos y de otros productos necesarios para su cultivo, y la dependencia se agrava si se piensa en la producción de granos estériles que terminaría obligando a los campesinos a comprarlos a las empresas productoras”, remarca el documento pontificio.
El Papa reclama una “atención constante” que permita considerar “todos los aspectos éticos implicados” mediante “una discusión científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la información disponible y de llamar a las cosas por su nombre”.
Francisco, se inclina así a la creación de “espacios de discusión donde todos aquellos que de algún modo se pudieran ver directa o indirectamente afectados (agricultores, consumidores, autoridades, científicos, semilleras, poblaciones vecinas a los campos fumigados y otros) puedan exponer sus problemáticas o acceder a información amplia y fidedigna para tomar decisiones tendientes al bien común presente y futuro”.
El Papa sentencia que se trata de “una cuestión ambiental de carácter complejo, por lo cual su tratamiento exige una mirada integral de todos sus aspectos, y esto requeriría al menos un mayor esfuerzo para financiar diversas líneas de investigación libre e interdisciplinaria que puedan aportar nueva luz”.
Bergoglio remarca además que “es preocupante” el accionar de “algunos movimientos ecologistas” que “defienden la integridad del ambiente, y con razón reclaman ciertos límites a la investigación científica, a veces no aplican estos mismos principios a la vida humana”.
Resalta el Papa que “Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo. De ese modo, cuando la técnica desconoce los grandes principios éticos, termina considerando legítima cualquier práctica. Como vimos en este capítulo, la técnica separada de la ética difícilmente será capaz de autolimitar su poder”.
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miércoles, 8 de julio de 2015
Notas sobre la encícilica papal
En El enfiteuta
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