domingo, 29 de marzo de 2015

Nota de Eaduardo Azcuy Ameghino sobre el Fondo de estímulo a los pequeños productores

En "Tiempo Argentino"


Más vale tarde que nunca



En una nota periodística, en pleno conflicto de 2008, me referí críticamente a la imposición de un impuesto a las exportaciones de granos que afectaba "por igual a todo 'el campo', sin tener en cuenta que dicho 'campo' no existe como una entidad homogénea. Y, sobre todo, que en dicho 'campo' se viene desarrollando desde mediados de los noventa un agudo proceso de concentración económica, mediante el cual se ha consolidado la participación de los megaproductores y han desaparecido cerca de 90 mil productores, de los cuales 75.293 poseían menos de 200 hectáreas."
Siete años después, el ministro Kicillof, al presentar el subsidio que se otorgará a los pequeños productores de granos se refirió a que "ese famoso campo, que dicho así parece una unidad, encuentra una enorme diversidad de tamaños y una enorme concentración de la renta, de la riqueza y de la propiedad".
No es esta la postura de los voceros de la cúpula económica del agro, quienes continúan reiterando que "el campo está unido desde sus raíces. No hay división entre 'pequeños y medianos' y el resto." La diferencia de opiniones importa porque reconocer la segmentación social real que existe entre los productores agrarios es la base para llevar adelante una política a tono con esas asimetrías, que apunte a neutralizar y revertir las ventajas de las economías de escala titularizadas por el gran capital agrario. Medidas como el subsidio para las pequeñas explotaciones lecheras y a los chacareros que producen hasta 700 toneladas de granos, aunque insuficientes, van en la dirección correcta.
Sobre esta base, resultaría necesario avanzar hacia la promulgación de una ley de arrendamientos que impida el acaparamiento de los campos por parte de los grandes concentradores y democratice la tenencia y uso de la tierra. Y junto con ello restringir impositivamente la renta de los grandes terratenientes, refundar una Junta Nacional de Granos que recorte el poder de las corporaciones multinacionales que controlan el comercio exterior, y otras iniciativas de parecido contenido económico, social y político.
El mejor modo de desmentir que las recientes iniciativas en favor de los pequeños productores agrarios capitalizados obedecen a móviles electorales o se agotan en sí mismas, será sin duda poner en discusión el problema central: ¿Qué "campo" queremos los argentinos? ¿Un puñado de megaproductores y pooles de siembra o un millón de chacras mixtas de base familiar? 
Dicho de otro modo, ¿cómo debería ser un ámbito rural con equidad social, producción y tecnología, sustentabilidad ambiental y cuidado de los bienes comunes naturales?


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